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Instituto Teloloapense de Cultura, A.C

Patrimonio Cultural

 

 

La granja o “Los pinos”

Septiembre de 2019


La crema en la U


En la colonia de Las Pilas se ubican los terrenos de lo que en algún tiempo fue la comunidad de una misión presbiteriana, en la década de los años 40 del siglo pasado llegaron a Teloloapan misioneros o ministros presbiterianos que, con trabajo y esfuerzo, levantaron en esa ladera un espacio que nombraban La granja. Construyeron al american way of life un asentamiento que contaba con comodidades que la mayoría de la población desconocía. Perfectamente distribuidos los espacios en la colina, se podía llegar a los porches de las casas en vehículo, las instalaciones incluían taller, iglesia, cancha deportiva. Y a la entrada del lugar, una valla y un enorme buzón. Plantaron, asimismo, una gran cantidad de casuarinas y, en pocos años se convirtió en un agradable bosque que los teloloapenses bautizaron con el nombre de Los Pinos.
El reverendo Jack y su esposa llegaron a Teloloapan a mediados de los años 40, junto con dos de sus hijas. La sra McClendon era muy activa, excelente pianista, graduada de la universidad de Texas en Austin, TX. El matrimonio permaneció en México casi 20 años y retornaron a USA. Por otra parte, el matrimonio de Clarence y Katherine Bassett llegaron a Teloloapan en el año de 1947 y permanecieron hasta el año de 1971 fueron los “gringos” que habitaron la granja. En esos años Mrs. Bassett manejaba su pick up jeep Willys por las despejadas calles de Teloloapan.
En la actualidad los terrenos han pasado a mano de particulares, tras una donación de los originales dueños.
Aquí transcribo el fragmento del relato de uno de estos misioneros que vivió en esa granja a principios de los años 50. El cual describe algunas de las experiencias que tuvo durante su estancia en esta población.
El joven matrimonio de misioneros presbiterianos.
El joven matrimonio de misioneros

“Decidieron enviarme a la granja de la Misión en Teloloapan, Guerrero, para construir una casa para nosotros mientras Rubí terminaba la universidad. Tras mucha discusión se decidió que se proveerían $5,000 dólares del presupuesto de la Misión para su construcción.
La estación Misionera estaba compuesta por la familia Basset: Clarence y Katherine (segunda generación de misioneros); y Juliet y Jack McClendon con sus cinco hijos.

Nos hospedarían La familia de Jack McClendon que vivía en la granja. Los Clarence Bassetts, vivían en el pueblo. Estas dedicadas personas trabajaron muy duro en comparación a su modo de vivir en su propio país, pero ¡Teloloapan era un lugar fascinante!

La granja se había comprado para la misión a instancias de Jack McClendon que reconocía la necesidad de modernizar la agricultura de Guerrero

El objetivo de la granja era impactar la agricultura local a través de educación y demostración. Teloloapan tenía una escuela secundaria de modo que sólo la parte agrícola se debía agregar a los estudios. Los alumnos vivirían en la granja y contribuirían para mantenerla en operación.

La mayoría de las familias tienen cerdos y gallinas que corren libres por todas partes. Pocos animales prosperan y hay muchas enfermedades. Los pobladores tratan de aumentar su ingreso y dieta criando puercos y gallinas en sus patios y la vía pública. Ya que no hay drenaje público, los cerdos en los patios tienen la función de limpiar los desperdicios. ¡Nunca me acostumbré a esa repugnante práctica!

La granja se ubicaba en una empinada colina que encaraba al pueblo a través de una barranca (seca la mayor parte del año)
Clarence Basset estaba ahí como una evangelista y había planeado visitar congregaciones de la zona varias veces al año para enseñar y animar a los pastores nativos, la mayoría de ellos sin educación y como la gente que atendían también pobres.
¡Pronto todo mi esfuerzo lo puse en planear la casa de tres recámaras con Rubí… por correo! Conforme los planos tomaron forma, el sitio fue seleccionado y la obra de cimentación empezó.

Tras la búsqueda, encontré que la dinamita y otros explosivos más baratos estaban disponibles en la ferretería local, me sorprendió que esto estuviera disponible sin ningún permiso o requerimiento; podías comprar todo un camión si tuvieras el dinero. Con dinamita, pico y pala y espaldas fuertes excavamos una terraza nivelada. Nuestros esfuerzos estuvieron bajo el escrutinio de medio pueblo y estaba seguro de que se intrigaban sobre las extrañas actividades de los extranjeros.

Uno de los más perplejos enigmas para los lugareños que observaban nuestras actividades diarias fue la instalación de la fosa séptica la cual estaba por supuesto en el lado expuesto de la casa. Ya que esta práctica era totalmente desconocida en esa parte del mundo debe haber habido locas especulaciones sobre el propósito de la construcción. Conforme se aproximaba la terminación de la casa, se cubrieron los dos porches con tejas fabricadas localmente, pensadas para agregarle estética; los vecinos inmediatamente apodaron nuestra casa "el palomar".

Se agregó un chiquero y se compraron cerdos callejeros. El plan era mejorarlos con sementales de calidad. El primer chiquero se construyó con paredes de ladrillo. Todo iba bien, lo único malo era que los cerdos brincaban las bardas y escapaban hacia sus antiguos terrenos, después de recuperarlos tratamos de usar alambre electrificado para controlarlos.


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Continuará…
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